jueves, 1 de octubre de 2015

DE ZAPATOS Y LLAVES - Reto Fanzine 2014. Albacete. LA GALLINA


DE ZAPATOS Y LLAVES



      - Agustín,  córtale el dedo - y Agustín se lo cortó.

                Fue lo último que llegó a oír María D'Cos antes de desmayarse al ver la falange de su pulgar amputada de un solo golpe.
                Al despertar seguía delante de los dos abuelos en lo que parecía ser la trastienda de una zapatería. Se había vomitado encima y también pudo notar como sus bragas estaban empapadas de orín. En su mano derecha, el hueco que antes ocupó su pulgar había sido precintado con cinta americana sobre un trapo blanco.
                Una avalancha de imágenes paso por su cabeza, lo que hizo bombear aún más fuerte la sangre aprisionada bajo el sórdido apósito.
                Para ella, todo comenzó hace una semana.
                Al llegar a casa en el coche oficial fue acompañada por su escolta hasta la misma puerta. Allí se despidió de él y, con una mirada de complicidad, lo vio marcharse por las escaleras tras revisar el pasillo y el ascensor. Un pitido sonó al detectar su tarjeta y después pudo abrir la puerta con la llave. Lo primero que vio en el recibidor fue un zapato rojo de charol con un sobre dentro. Pensó que sería una broma de su marido, muy dado a extravagancias que solían tener un alto componente sexual, por lo que abrió el sobre excitada.
                El pequeño sobre contenía una llave que le era familiar. Era la llave de su casa. No entendía nada de aquel juego, miró al suelo y vio el zapato de charol rojo que faltaba. Estaba lleno de llaves. Las examinó y comenzó a preocuparse al leer las direcciones que aparecían en las llaveros porta etiqueta de cada llave. Eran las llaves de todas las casas en las que había vivido desde que se licenció en la facultad. Todas.
                Intentó sacar alguna conclusión de todo aquello, pero no parecía tener sentido alguno. Con un descuidado movimiento tiró el zapato quedando de costado en el suelo, lo levantó y en la suela puedo leer: "Estamos tan pegados a ti como la suela de tus zapatos". Bajo la inscripción aparecía sellado en color azulón un zapato sobre con una llave antigua, como las de forja, creando una extraña composición asimétrica.

                Presa del pánico, se sacó torpemente los botines que llevaba puestos donde encontró la misma impronta. Se dirigió a su armario y comenzó a mirar las suelas. Comenzó a lanzar zapatos, botas y botines contra la pared de falso espejo que cubría todo un lateral de su habitación, ese tras el que miraba su marido mientras ella se daba a placeres orgiásticos de insospechado origen. Todas las suelas llevaban la misma marca.

***


                  - Fermín, ¿no crees que estamos demasiado mayores para esto? Hace décadas de la última venganza. Desde entonces el negocio de los zapatos y las llaves nos mantiene en una posición de poder privilegiada, hasta hemos entrado en esto de las franquicias. Aquella vez sólo tuvimos que poner un explosivo debajo del coche de aquel cabrón que terminó en el patio de los jesuitas, pero quieres secuestrar y torturar a una mujer sin pedir nada a cambio, sólo por lo que tú consideras justicia.
                - Joder qué cabrón el Padre Francisco - musitó Fermín mirando al techo -, cómo nos ganó las diez mil pesetas cuando dijo que prepararía el explosivo de manera que el coche fuera a caer en su patio y así poder deshacerse de pruebas que nos implicasen. Y cómo le gustaban Los Salvajes, de seguir vivo estaría todo el día escuchando a Guadalupe Plata.
                - Yo me lo paso mejor con cualquier disco de Seasick Steve, pero no es el momento de hablar de eso. No creo que nadie nos apoye en esto. Nos encontrarán. Sabrán que hemos sido nosotros y nuestra tela de araña desaparecerá sin que nadie pueda volver a tejerla.
                - Me importa una mierda - dijo serio Fermín -. No hay nadie más que pueda hacerlo. Quiero pensar en esa zorra poniéndose los zapatos con calzador cada mañana el resto de su vida sólo con sus dedos anulares. Ocho dedos, uno por cada año jodiendo a la gente.
                - ¿Y nosotros?, ¿nuestras familias? Cuando hayas acabado con tu venganza no quedará en pie ni un negocio de zapatero y copia de llaves. Todo se va a desmoronar por un escarmiento a una figura pública.
                - Es mucho más que eso Agustín - tras un silencio esbozó una sonrisa que parecía nacer en el mismo infierno -. Sabrán lo que es el miedo, y ya va siendo hora de que lo sepan. ¿Está insonorizado el taller de "El rápido"? Vamos a necesitar un buen acolchado para cuando esa perra vea su mano atada al "burro", y algo más para cuando escuche como cruje su hueso como un cascarón de nuez con el primer golpe.
                - Joder, ¿"El rápido"?, tendrás que especificar más, debe de haber así como cien zapateros que tengan ese cartel, rojo sobre blanco, de esa manera en nuestra red.
                - Sólo hay uno para lo que quiero. El taller de Juan Miguel Esparcia, el de Albacete. Perenne, con su levita azul y el puro medio apagado al lado de la máquina de hacer llaves. Escuchando esa música maquinera que a saber de dónde coño se ha sacado, sus gafas de montura color miel de romero pendiendo del cordel y la pila de bolsas de supermercado con los encargos escritos a boli.
                - Menos mal que lo conozco desde crío - dijo Agustín con cara de sorpresa -, si no es por el apellido sería imposible distinguirlo con lo que me has dicho. Todos son iguales.
                - Claro cojones, ya nos encargamos de que todo sea así. Pese al paso del tiempo. ¿O acaso hay algún zapatero que no vaya de azul y que no tenga máquina de copiar llaves?
                - No, no lo hay. Lo intentó aquel chino y nunca más se supo de él. Échale mafia china a los zapateros - sentenció Agustín -.
                - Está bien lo quiero todo listo para el próximo martes -.

***



Estaba inmunizada contra las cartas de amenaza. Desde que comenzó a llevar la defensa de empresarios metidos en el blanqueo de dinero las amenazas llegaban a sus manos como publicidad del Media Mark. Hacía ya años, desde que comenzó a ocupar altos cargos, que su equipo de seguridad se encargaba de eso, pero desde el día de los zapatos había pedido expresamente que le pasaran cada carta y cada correo que pudiese ser sospechoso. Buscó el símbolo del zapato y la llave sin ningún resultado. De esta manera, no se pudo imaginar que cuando se quedó encerrada en el ascensor del Palacio de Congresos, el técnico que logró entrar dentro del habitáculo para poder liberarla, pulsase la tecla del sótano 2 donde la esperaban dos jóvenes que la subieron a tirones a una vieja C15. Le cubrieron la cabeza con un saquito de cuero y arrancaron.
                - Ya podéis quitarle la capucha. Buen trabajo chicos, decidle a mi nieto que se deshaga del coche - María D'Cos vio como el técnico del ascensor desaparecía tras unas cortinas junto con el otro chico que iba a su lado en el coche mientras ella se esforzaba por gritar amordazada con cinta americana. Se quedó frente a dos ancianos que la escudriñaban tras sus lentes.
                - Hola hija de perra - saludó Fermín -. En este momento te estarás preguntado qué coño haces con la boca precintada enfrente de dos viejos. Puedes estar tranquila, no te vamos a violar. A mi amigo no se le pone dura y a mí no me gustan las tías que visten con abrigos de piel de zorra, además ya te he visto follarte a un senador sexagenario; detrás del espejo, al lado de tu marido.
                - Señora, yo no apruebo todo esto. Pero se lo ha buscado. Y deje de hacer fuerza, no le vamos a quitar la mordaza. No pedimos ningún rescate, ni chantaje político, ni nada por el estilo. Es una advertencia para todos los de tu calaña y tú vas a hacer de valla publicitaria. ¿Voy a por el martillo y el formón?
                - Sí, tampoco podemos dilatar esto mucho más, deben de estar buscándonos por todo Albacete.
                María D'Cos vio como el mayor de los dos abuelos salía por detrás de ella. Con sus ojos pidió clemencia pero sólo encontró una mirada de asco por respuesta. Escuchó un escarbar entre herramientas y los pasos de vuelta al poco tiempo interrumpidos por un correr de cortina pesada. Entre tanto el otro abuelo la miraba sin decir nada, parecía estar frente a un juez del infierno que ya conocía todos sus pecados, y ante el que sabía que no tenía nada que alegar. Ante sus ojos quedó un martillo de zapatero remendón y un formón utilizado para dar forma al interior de los zapatos. Esto no lo sabía ella, pero ya se encargó de explicárselo Fermín mientras afilaba en una piedra la punta del formón.
                - Al final, habéis hecho que seamos los jubilados quienes nos dediquemos a daros por el culo. No tenemos ya nada que perder y tampoco estamos para represalias ni moralismos. Deja ya de hacer fuerza mujer.
                Aprisionaron sus mano derecha encima del "burro" con unas correas.
                - Tampoco he preparado discurso ni tengo ningún mensaje, no hace falta deciros que sois unos cabrones y eso vale un precio. Ah bueno sí, uno. Dile a tu jefe, sí, a Don Marino, el del clan de Los Gallegos, que le estoy preparando unos zuecos de madera rectangulares por dentro, pues le pienso sacar con una gubia los juanetes y alinear cada curva de sus pies para después sellárselos con cola de contacto dentro del zueco. Le van a tener que serrar los tobillos para sacárselos. Si esto sigue así, él va a ser el próximo. Bueno ya está bien de charla. Agustín, córtale el dedo - y Agustín se lo cortó.
                Después Fermín le cortó los otros siete y la dejaron, con zapatos nuevos, en el pincho de la feria. Eran las cuatro de la tarde.


(Relato escrito exclusivamente para el Reto Fanzine 2014 incluido en el Fanzine "La Gallina" dirigido y editado por Juan García Rodenas. Texto original de Rafa García)

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